Más de cien palabras…

Y ya estuvo bueno de quejas. No sé que tengo que de todo tengo que quejarme o no estoy agusto y feliz. Hoy me he sentido muy bien. Me siento afortunada y me siento contenta. Ya no quiero andar arrastrando la cobija por cualquier cosa. ¡Bah! es suficiente… hay muchas cosas que no dependen de mí, pero mi actitud si que depende de mí. Y ya estuvo bueno. Así que haciendo honor al buen Sabina que traigo muy en boga en el mundo que me invento para consumo personal, hoy quiero recordar todos mis motivos. Tan obvios algunos, tan tangibles otros, tan increíblemente sencillos algunos más…

Ya veo como se estabiliza todo poco a poco y como el tiempo va pasando cada día más rápido. Ya me siento, como dice Gina, revalorando mi espacio y la manera en que vivo.

Y la verdad tengo dos días sonriendo mucho. Pensándome y soñándome en mi nueva casa. Agradeciendo mi trabajo y sus ventajas. Dejando que se me llene la cara de sonrisas al pensar que falta poco para que llegue mi niño. Disfrutando del calorcito que se genera cuando uno se siente orgullosa de alguien.

Creo que finalmente regreso a sentirme dueña de mi espacio. Quizás nunca dejé de serlo pero si dejé de sentirlo. Y ahora, neta que pinta bonito. ¡Hasta ganas tengo de hablar de grilla! Ya mañana platicamos…  que me voy con una sonrisita a seguirle a mi libro… por cierto, muy recomendable… me gustan los autores locos locos (lean a Salman Rushdie!!)

¿Equilibrios?

Busqué y busqué todo aquello que me hiciera feliz. Encontré rachas que parecían interminables de sonrisas. Pero todo se paga. Y llegaron rachas que también parecían interminables de  días obscuros. Hoy busco el punto medio, si es que eso existe. Un equilibrio que permita disfrutar los días de sol y los nublados. Pero a veces pareciera que me gusta tender a los extremos. No sé que tan acertado sea… no quiero vivir cien años… sólo quiero dualidad, como siempre dualidad, menos difícil de descifrar.

¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?

Homesick mess

Han pasado muchas muchas cosas últimamente. Quería escribir un montón de ideas que me dan vueltas en la cabeza. Quería contar de lo increíble que fue el concierto de Sabina y Serrat. Quería plasmar como cada vez que ando por la calle no puedo dejar de pensar que México es el país de los amorosos, como decía Sabines. Quería y no me he dado tiempo de venirme a sentar a dejar fluir todo lo que hay revoloteándome. Pero no me he sentido con el ánimo ni con las ganas de escribir. He estado corriendo con el trabajo, aprendiendo muchísimo. Tanto que a veces me siento bastante inútil en mis deberes por tener que estarlo preguntando todo, asegurándome de que no estoy metiendo las cuatro a cada paso. Y vaya que esto me tiene estresada. También he estado apuradísima con actividades voluntarias en las que, como su nombre lo dice, solita me embarqué y a veces, no me alcanza la vida para cumplir con todo. La buena noticia es que por fin vi a mis amigas reuidas casi todas ellas (extrañé mucho a las ausentes) y la otra buena nueva es que al fin conseguí un lugar que desde que lo ví y me vio, hicimos click! Y ya me veo viviendo ahí, armando ahí mi casa… casa de la que hoy siento esa nostalgia tan fuerte.

Este raro estado del homesick. Yo creí que se daba sólo fuera del país. Pero he ido descubriendo que se refiere al hogar como tal. No a un lugar en especial, sino a ese espacio que sea donde sea, llamamos hogar propio. Y extraño ese lugar propio que tenía, que me hacía sentir segura y a mis anchas… ese espacio que me daba paz y tranquilidad y se convertía en mi búnker. Extraño lo que ese espacio significaba. Y realmente me doy cuenta de lo rápido que me acostumbré a tener ese hogar, lo fácil que fue adaptarme a ese espacio en particular. Y sé que no falta tanto para construirlo de nuevo. Que bastará con una presencia para que tome sentido el departamento que me entregarán el 1o de diciembre.

Que ironías de la vida. O quizás no de la vida. Tal vez la ironía sea sólo mía. Que añoro siempre lo que no está conmigo. Aunque sé que lo estamos construyendo y que poco a poco este sentimiento de caos se irá disolviendo, cuando todo tome su lugar. Y ya sé, siempre quiero que las cosas se acomoden rapidito, quisiera ver todo funcionando ya. Y no es así. Todo tiene un tiempo y una razón. Y conozco ambos en este caso. Y hay más razones para sonreír que para arrastrar la cobija. Y vaya que las hay. Pero tenía que vaciar mis emociones en algún lado. Y la verdad es que el mundo virtual representa un porcentaje altísimo de mi tiempo. Sé que muchos de los que me leen lo comprenden: la vida detrás de una pantalla. Combinada, claro, con un poco de actividad más allá de ella.

Quizás todo este caos emocional que a ratos se estabiliza sea un reflejo de lo mucho que ha cambiado la vida y las ideas que me rodean. Y sé que esta añoranza es sólo temporal y quisiera desaparecerla pensando en lo poco que falta para evaporarla definitivamente. Pero a veces es necia y como hoy, se escurre entre las letras….