Han pasado muchas cosas en estos días, en estas semanas. Y la verdad es que he estado pensando mucho en lo necesario que es el desarrollo integral de una persona. Uno no puede sólo tener completa una parte de su vida, porque las otras reclaman atención también. Y lo importantísimo que es que tu pareja reconozca eso también y te apoye. Cuando uno no se desarrolla de manera integral, definitivamente se siente frustrado. Quizás más que frustración, es un sentimiento como de estar incompleto.
Eso me ha estado pasando últimamente. Mi desempleo me ha hecho sentir cero productiva y esto de sentirme medio inútil y pasiva… no es lo mío. Si bien he aprendido mucho sobre cocina y he disfrutado inmensamente los beneficios de tener disponibilidad de horario, la verdad es que mi historia y mi imaginario personal me demandan estar ocupada, ser productiva, trabajar en lo que me gusta y en lo que creo. Y a pesar de los proyectos no han faltado, hay dos elementos que les restan motivación o incentivos: la falta de ingreso y la falta de interés externo en los proyectos. Siempre he estado sumamente ocupada. Me encanta vivir envuelta en mil y un pendientes y proyectos. Pero los proyectos siempre han sido complementarios a una actividad principal. Y ahora esa actividad ha faltado. Y siento que los proyectos no son suficientes. Encontrar trabajo de este lado del charco ha resultado una empresa complicadísima. La competencia ha sido mucha y a eso se le suma mi nacionalidad y la dificultad de conseguir permiso de trabajo aquí. Después de vueltas muchas a la oficina del Ministerio de Trabajo de la zona en la que vivo (porque, han de saber, hay tres: el de la zona de Wallonia, el de la zona de Vlanderen y el de Bruselas… ah! no, cuatro! también está el Federal…), bueno después de ir al que me correspondía a preguntar mis dudas, llevar papeles, y buscar la mejor manera de trabajar de manera legal… me negaron el permiso de trabajo. ¿Razón? la lógica va algo como que mi permiso de residencia depende del de mi esposo. Y como éste no es permanente, pues no pueden darme permiso de trabajo.
Más allá de la lógica (o no) del asunto, o de los sentimientos encontrados que podría haberme generado, me alegra la decisión que hemos tomado. Y las opciones que han surgido: Regresamos a Mexico. Y regresamos cargados de buena vibra, conscientes de que se siente muy bien que tu país represente buenas oportunidades para tu desarrollo personal, laboral y de pareja. Y bueno, sin duda los cambios de este año, sumarán muchos al final. Pero creo que ahora sí lograremos la estabilidad que buscamos, el ambiente que queremos y la calidez que sólo te puede dar el lugar al que perteneces. Y estoy feliz de que como siempre, mi Gallito y yo, seamos un buen equipo que sabe jalar parejo…
Así que México… ¡¡allá vamos!!