Círculos

Hay días en que despertar con una llamada que cruza el Atlántico me hace sonreír. Mucho. Y me doy cuenta de lo mucho que extraño mi círculo de amigos, mi círculo de seguridad, mi círculo de respeto y cariño que implicaba vivir en el lugar donde uno ha crecido.

Amigos, los extraño.

Krapina, Stuparje y los recuerdos: el final del viaje

Bueno, este relato ha tomado mucho más tiempo en ser redactado de lo que planee al inicio. Aquí va la última parte del viaje… pero no he terminado de escanear las fotos, así que sólo pondré el link de las fotos de esta última parte del viaje, que fueron las digitales. Las de la boda las subiré en cuanto termine de escanearlas :)

7 y 8 de julio

Revivimos para llevar a Gallo al aeropuerto. El resto del domingo pasó entre algo de comida, un poco más de sueño y una bonita caminada por la ciudad y claro, un par de cafés más. Todos necesitabamos dormir. Pero el lunes… ahí desquitaríamos. Los recién casados me recibieron en su casa a partir del domingo. Y el lunes fuimos a un hermoso lago artificial que hace las veces de playa para Zagreb (algo parecido a lo que Ebrard quería hacer en el DF sólo que esta “playa” si les salió). Ahí decidimos que iríamos a Krapina, el pueblo de donde es originaria Tanja. Sus papás nos habían invitado a comer.

Llegamos a Krapina y lo primero que visitamos fueron los espacios donde se encontró la mayor concentración de restos del hombre neanderthal. Yo no tenía idea de que eso estaba en Croacia. El caso es que eso nos dio la oportunidad de subir unas colinas preciosas y tener una vista panorámica del lugar. Krapina es una ciudad pequeña, coquetona, con casitas pequeñas de techos rojos y muuucha vegetación. Caminamos luego por entre lo que fueran escuelas y muchos recuerdos de la infancia de Tanja. Sin embargo, lo más impresionante fue llegar a casa de los papás de Tanja.

El pueblo en que viven se llama Stuparje y es pequeñitito. Tan pequeñitito que su población está ubicada en casitas a lado de la “carretera” y no deben ser más de unas veinte. La casa era grande y nos recibieron las enormes sonrisas de los papás de Tanja. Ellos no hablan más que croata. Me daba mucha pena no poder decirles lo contenta que me sentía de que me invitaran a su casa… De repente escucho que Luka- quien fungía como traductor- voltea y grita emocionado “VACA!” ya se podrán imaginar lo que yo esperaba ver cuando volteara. Pues no. ¡Era la abuela! primero puse cara de no entender porqué la agresión y luego pregunté a Luka “Why are you calling the grandma, cow??” Claro que empezó a reírse.. y me explicó luego que vaca es la palabra en croata, para abuela. Intenté a señas decirle a la abuela que me daba mucho gusto conocerla. Creo que ella se aburrió de mi intento, sonrió, se volteó y se fue. Mientras tanto, el papá de Tanja y me había servido rakija y se hacía un alboroto en la cocina. La comida fue deliciosa. Y después de una bonita sobremesa me moría de pena porque querían regalarme cualquier cantidad de cosas: una botella de rakija, una de vino blanco (ambas de elaboración casera) y un queso, un par de tazas… y como dije que las crepas me gustan, pues ya estaban preparando unas. Así que Tanja salió al rescate y sugirió que me llevaran a conocer los pequeños viñedos y la casita donde prepraban el vino y la rakija.

WOW. No tengo como más describirlo. No sólo era una vista encantadora, sino que me fascinan los viñedos. Era uno pequeñito, a lado de una casita igualmente pequeñita. Pero ahí tenían todo lo necesario para procesar las uvas y concentrar su sabor en deliciosas botellas de vino blanco. Me explicaron que la rakija se hace de manera distinta, hay que cocer las uvas junto con lo que le dará el sabor: hierbas, ciruelas, nueces o miel. La pequeña producción es sólo para consumo de la familia, para unas cuantas ventas esporádicas o para eventos especiales. Sin embargo, cada año alrededor de octubre, hacen el ritual de recoger las uvas y prepararlas. Sería lindo verlo alguna vez.

Finalmente y después de muchas señas de agradecimiento y de contento, nos despedimos con la promesa de que regresaré, habiendo aprendido aunque sea algo básico de croata. Y la mamá de Tanja prometió a su vez, aprender algo de inglés. Espero que cuando regresemos, mejoremos la comunicación. Llegamos pues de regreso a Zagreb… y tuvimos una velada muy entretenida con algunos de los amigos de Tanja y Luka que me han parecido encantadores y simpatiquísimos (y que ya he mencionado antes): Mika, Tvrtko, Marijan y Željka .

Al día siguiente mi vuelo de regreso a la realidad salía a la 1 de la tarde. Así que tuvimos tiempo de un último paseo pequeñito. El mausoleo de Zagreb. Me resulta difícil expresar exactamente lo que me gustó del lugar. Además de que la ambientación era adecuadísima, ya que había dejado de hacer calorsísimo y más bien llovió toda la mañana, hacía un poco de frío y había vapor/neblina que le daba un toque especial al día. Las tumbas eran enormes y los símbolos no eran necesariamente religiosos. Había muchos héroes de la patria croata. Me pareció más bien un sitio histórico que un conjunto de recuerdos de la gente que se ha ido. El sitio donde descansan los restos de un antiguo presidente croata muy relevante es enorme. Enorme me refiero como a una loza negra de 10m2. Algo impresionante.

De aquí sólo me quedaba la última parada: el aeropuerto de Zagreb. Ahí entre cafés y postales me despedí de los mejores anfitriones que he tenido en mucho tiempo. Me hicieron sentir como en casa, bien recibida y contenta. Disfruté cada uno de los lugares que conocí y del tiempo que pasé con ellos. Me dio mucho mucho gusto ver a Luka de nuevo y en una situación tan alegre. Los buenos amigos, definitivamente, no conocen las fronteras y pueden reíre de la distancia.

Algunas fotos de Croacia