La batalla más difícil.

Nunca me había enfrentado a una batalla que de antemano está perdida. Nunca me había enfrentado a la muerte tan de cerca, ni de manera tan dolorosa. Y la verdad es que aunque estoy relativamente tranquila, estoy que reviento de miedo. La vida demanda vida  dijo ayer el doctor. Y en la vida, la muerte es normal, no porque sea algo bueno o malo, sino simplemente porque hay vida.

Y la vida, necesariamente implica muerte. Y si bien es cierto que nadie tenemos comprado ni un segundo de vida, duele profundamente más allá de lo explicable ver a alguien a quien amas, ceder terreno a esa certidumbre lentamente… tan lentamente que a veces crees ver esperanzas donde no las hay. Tan lentamente que uno no entiende como reaccionar o responder. Él necesita descansar. Y a mí, a mis hermanas y a mi mamá, nos duele profundamente poder sólo decirlo… sólo dejarlo ir.

Ya no sé si es egoísmo puro o miedo al cambio o a la transición. Hace poco, como si lo hubiera pedido, escuché casi por casualidad… que es un deber de los hijos acompañar a los padres y ayudarlos a descansar en paz en su última despedida. Una forma de retribuir toda la vida que nos regalaron, ayudándoles a cerrar su ciclo. Duele. Profundamente, de manera constante y a veces, el miedo crece con el dolor.

Ayer el doctor dijo algo hermoso. La muerte no es dejar de ser, es sólo dejar de estar. Pero no dejamos de ser… seremos siempre lo que fuimos, seremos en la memoria y en la historia que forjamos. Seremos siempre en las mentes y en los corazones que nos conocieron. Y aunque pase el tiempo y se borren los recuerdos, no por eso dejamos de ser lo que fuimos.

Es cierto, la batalla entre la vida y la muerte, no la voy a ganar. Mi papá no la va a ganar. Aún con todo lo que yo lo quiera, o con todo el amor que entre toda la familia le profesamos… o aún con el apoyo de toda la gente que nos ha acompañado. Es la batalla más difícil en la que me he visto involucrada. Pero la vida demanda vida. Y la vida debe seguir. Y de alguna manera, todo se irá resolviendo. Poco a poco. Tal vez más lentamente de lo que todos quisieramos. Pero todo estará bien. De alguna manera. Todo estará bien.

Gracias a todos los que de alguna manera, han manifestado su apoyo.

Like in a roller coaster…

Pues estoy de vuelta en México y no en las mejores circunstancias. Mi papá se encuentra hospitalizado. Y yo tengo muchos sentimientos encontrados. Me duele verlo así. Paciencia. Fé. Fuerza. Ánimo.

En casa…

Pues si, la vida da muchas vueltas. Y estoy en casa ya. Mi papá ha ido mejorando y ya está en casa, donde mi mamá y mis hermanas son las mejores enfermeras. Así que me animé a no cambiar de nuevo el boleto y viajar a la casa que me esperaba. Y aquí estoy. La paz de estar aquí calma mis nervios, exhaltados por todo lo que ha pasado en México. Después de poco más de dos meses de sorpresas y sobresaltos, parece que finalmente la “novatada” ha pasado y podré comenzar el nuevo ciclo con el pie derecho y con una relación fortalecida por todo lo sucedido. Y si… me siento muy bien…