No me fui…

Mi papá se puso muy mal anoche. Así que mi vuelo ha quedado suspendido hasta ver que dicen los médicos. Tal vez una semana pospuesto. No sé… hoy no sé nada, todo parece borroso y sigo temblando… ya estaré informando…

Me voy…

Pues todo parece indicar que mañana vuelo a mi casa. Sigo sin visa, pero regreso por ella el 23 de marzo. Mientras tanto, voy a mi lugar, a mi espacio… a ese espacio que es sólo para dos y que me hace olvidar el movimiento que mide el tiempo y parece que todo se detiene. Mañana vuelo. Y sigo sin creerlo. Me cuesta trabajo, aún después de tantas despedidas, creer que mañana es en verdad el día. Tengo una sensación de estar viviendo en una realidad alternativa. Y ya voy… a donde tanto he querido ir… ya voy. Y hay muchas ilusiones esperando por mí. Hay muchos planes esperando mi presencia. Hay muchas sonrisas aún por compartir, con todos sus bemoles y sus dualidades. Hay todavía un montón de magia que descubrir. Ya veremos que tiene el destino que enseñarnos en esta nueva etapa… que pinta tan feliz…

Un día a la vez… sonriendo

Y ya… que hemos encontrado una solución alternativa que me tiene tranquilita. Así que me voy en poco más de una semana, del otro lado del charco, con mi amorcito. Así que ha empezado el tic-tac de la cuenta regresiva, pensando en todos los pendientes laborales, amistosos y médicos… de todo tipo. Así también los de despensa… viendo que llevo, que no, de qué manera cargar la maleta para que pese menos. Está divertido… ya veremos como se arma este asunto. Por lo pronto, un día a la vez, pero ahora sí de mucho mejor ánimo.

Temporalmente fuera de servicio…

Estoy que no me aguanto ni sola. Si alguien me pregunta ahorita como estoy, respondería con un BIEN seco, que implique bastante explícitamente “no preguntes, no quieres saber.” Me siento bastante incómoda. Me siento triste. Me siento frustradamente impotente. Hoy odio la lógica burocrática en que no pueden darte una fecha para resolver un trámite. Una lógica burocrática que no tiene sentido, al menos no uno humano, sino netamente pendejo. Me duele estar tan lejos. Y me duele más no poder hacer nada para remediarlo por mi cuenta. ¿Que si necesito paciencia? cierto. ¿Que si las decisiones se toman con la cabeza fría? tambien cierto. ¿Que si hay todavía algo de tiempo antes de cambiar los planes? si, también cierto. Pero hoy no tengo ganas de ser racional. Quiero no pensar, no sentir, dejar de buscar una solución inexistente o una alternativa que me deje dormir. Ya no quiero soñar sin tí a mi lado. Cada día se hace más difícil. Pero un día a la vez… un día a la vez… Por lo pronto, declaro oficialmente cerrado el changarro hasta que me sienta mejor.

De la indiferencia…¿o del miedo?

Se acaban de escuchar varias descargas de balazos afuera de mi casa. Dejé mi compu y subí primero a ver si no estaba alucinando y si mis papás habían escuchado algo. Si, claro que lo habían escuchado. No podíamos ponernos de acuerdo entre si atrás o adelante era de donde se habían escuchado, cuando se volvió a escuchar una descarga más. Sintiendo como se me aceleraba el corazón del susto que me dio, nos movimos en silencio hacia donde creímos no llegarían, en caso de alcanzarnos, las balas que escuchábamos. Pasaron unos minutos y nada. “Sabes, me contaron que hace como un mes afuera de la farmacia de la esquina se murió una señora… a lado del puesto de tacos…” “¿De verdad, mamá? y ¿qué le pasó?” “Pues no sé, dicen que iba a la farmacia porque se sentía mal. Se cayó y hasta después de un rato fue que la gente del puesto de tacos reaccionó y fue a ver que pasaba.” “Oye mamá, y aquí afuera, ¿segura que en esta farmacia?” “Si, segura…. pero pues yo ya no supe nada.” “No, pues yo tampoco sabía… oye acá afuera ya no se escucha nada, quien sabe que sería, ¿nos asomamos?” “No, ya déjalo… seguro lo que haya sido ya no está allá afuera.” Ella regresó a su cuarto y yo regresé a mi rincón amarillo. Me asomé a la ventana de enfrente, no sé si por curiosidad o por morbo, y no vi nada. Regresé a lo que estaba haciendo y ahora escucho como mi mamá se sigue riendo de lo que ve en la tele.

Sólo me quedé pensando en cuantas cosas pasan a nuestro alrededor y por miedo a involucrarnos, no hacemos nada. Por miedo de no entender lo que pasa, no ayudamos. Por miedo a que nos pase algo a nosotros, nos quedamos mejor sin saber que fue. O será tal vez indiferencia pura, casi destilada y al estilo de no meternos en lo que no nos está afectando directamente, porque no nos importa. Tal vez el límite entre ayudar y metichear sea una delgada línea borrosa y algo ambigua, no lo sé. Pero sé que el día que me asaltaron hubiera dado lo que fuera porque alguien se detuviera a ayudar. Aún cuando entiendo que estando del lado de los transeúntes que veían una pistola en mano, también hubiera apresurado el paso hacia el lado contrario. ¿Qué es lo que pasa que dejamos de interesarnos por lo que pasa a los demás? o será simplemente que nos da miedo que nos pase a nosotros también… no lo sé, no sé si se trata de indiferencia o de miedo. O quizás de una mezcla de ambas.

Next Page »