Little small clues…

A veces me queda la impresión de que todo aquello que se produce en nuestra mente pero no se expresa de alguna manera, queda como si no hubiera existido nunca. ¿Equivale a su no existencia, si no hay forma de probarlo?

Nunca nadie sabrá todo lo que pensamos, si no lo decimos o lo demostramos de alguna forma.

Nunca nadie sabrá lo que sentimos, si no lo materializamos a través de alguna manifestación física.

Nunca nadie sabrá lo que nos duele si no lo hacemos evidente.

¿Osea que hay tanto que se quedará en el mundo de lo que no existió nunca? Tal vez por eso mi asesora en LSE me decía que no había forma de probar la intencionalidad de los actos. No si no hay algo tangible, audible, comprobable.

Y es curioso como dejamos huellas para que nos descubran lo que pensamos, sentimos o buscamos…huellas a veces perceptibles sólo al ojo que te conoce de verdad. Huellas chiquititas, casi invisibles… corriendo el riesgo de no existir si nadie las ve.

¿Será?

Amigos :)

Hoy vi a mis amigas. El grupo de siempre, el grupo que tiene años y años…. el grupo en el que nos falta la cónsul. Es curioso. Varias veces he platicado el tema y lo confirmo con detalles, palabras y experiencias. Esto de la amistad, es algo de verdad increíble. No me refiero sólo a las buenas fiestas o al relajo, que por supuesto son parte importante… me refiero a encontrar y elegir una segunda familia. A construir lazos que resisten los conflictos, las distancias, los roces….y que se refuerzan con un detalle, con una palabra en el momento adecuado, con una broma o un zape… simplemente se trata de compartir, que no? tal vez es eso… que reafirmo que a pesar de la evolución, existen algunos especialísimos seres con los que puedo seguir compartiendo y compartiéndome…con quienes puedo sentirme identificada, escuchada, aceptada y querida.

Pueden pasar largas temporadas sin vernos, hablando sólo casualmente. Pero seguimos siempre ahí. En mi ciudad adorada, mis consensus y agregados, en el trabajo compartido o en los proyectos conjuntos, el Eje Londres-Madrid, en Washington, no quiero enunciarlos. Sólo decirles que los pienso y los quiero y que ustedes saben bien quien son. Cuando se necesita una sonrisa, un hombro para llorar, un rato para distraernos o una mano para sostenernos. Cuando se hace indispensable compartir los logros o diluir las caídas. Cuando se hace rudo el camino o cuando se bifurca, o cuando se hace divertido. Hoy me siento muy afortunada de contar con amigos así. Gracias por estar aquí. Sin duda hacen más divertido el camino. Y la distancia no es ni será tal…

“Friends are quiet angels who lift us to our feet when our wings have trouble remembering how to fly.”

Weird…

Ha sido un día raro hoy. Correr, de un lado para otro, buscando el destino. ¿Qué hace uno cuando el destino te alcanza a tí? A ratos puedo sentirme muy fuerte. Otros me siento frágil y desmoronable. Hay ocasiones en que las calles me hablan de tí y de lo que somos juntos… y me hacen sonreír muchísimo. Y también hay momentos en que sólo deseo que estuvieras a lado para dejarme esconder un rato. Es raro. Es raro como mientras las calles hablan, el destino te alcanza y uno no entiende nada. Trato de descifrar miradas… para ver si acusan sorpresa, si ocultan algo, si quieren decir más que lo que hablan sus palabras. No encuentro nada. Un instante es suficiente para sentir que la vida te puede dar la vuelta completa sin previo aviso. Y quiero creer que todo saldrá bien. Aún cuando a ratos me da miedo… pinche vida impredecible…. con todas sus dualidades… y su destino jugando como niño travieso por las calles.. que me hablan, a veces susurran, a veces gritan… a veces estallan en diminutas gotas de humedad… Fue un día raro. Y así me siento. Sin descripción alguna. Sólo rara.

Aprendiendo, siempre aprendiendo…

Tengo varios días trabajando de nuevo. Un proyecto lidereado por Miguel Sarre, quien fuera mi jefe hace algunos años. Un proyecto interesantísimo en términos de derechos humanos en general y de acceso a la justicia, derechos dentro de los procesos penales y similares en particular. Es un proyecto que tal vez sea muy para abogados, pero por alguna razón creyeron que yo podía aportar algo interesante. Y ha sido sin duda muy enriquecedor y no tiene más de dos semanas en gestación.

Como hace mucho no me sentía, hoy me siento frente a un reto profesional enorme. Me siento frente a la computadora y trato de entender por donde queremos armar el siguiente apartado, cómo forjarlo, qué ideas deberían reflejarse, donde buscar, quién y donde se han hecho cosas o se ha opinado al respecto. Es un reto que todavía no sé de qué manera voy a resolver; pero sí sé que me entusiasma, me motiva y me gusta. Sin embargo, sigue siendo complicado entender asuntos técnicos, términos legales, interpretaciones posibles, que si el legislador esto o aquello… que si los bienes tutelados o que si los tipos vagabundos…. Implica la decisión de meterme mucho más a estudiar cosas que nunca he estudiado sobre derecho penal y que la neta, a veces me dan miedo.

Uno de los mayores retos, sin embargo, no está en el proyecto mismo. Está en la percepción de los derechos humanos que veo reflejada en la gente que me rodea. En comentarios en ideas, en formas de pensar en los derechos humanos como un estorbo, como un lujo, como algo totalmente accesorio e innecesario…. a menos de que en realidad se trate de un caso para el Alarma, la gente en general, lo ve como algo lejano. Y no deja de llamarme la atención esto último: ¿Porqué percibimos los derechos humanos como algo ajeno a nuestro mundo? Siempre pensamos, como decía la Sandía, que como “somos buenos” eso tan feo que dicen que pasa, no nos va a pasar nunca. Que nunca nos van a negar el acceso a un abogado. Que nunca nos van a dejar incomunicados. Que nunca nos van a condenar antes de juzgarnos. Y a nadie se lo deseo. Pero hoy confirmo, a través de lo poco que lleva avanzado este proyecto enorme del que soy parte, que deseo que las cosas cambien. Que sigo creyendo firmemente en la dignidad del ser humano y en la obligación de respetarla. Que a pesar de mis cambios internos, de mis cambios geográficos, de mis cambios académicos, de mis cambios laborales… sigo en la misma sintonía. Y esto es por lo que quiero trabajar.

No hay felicidad completa…

No puedo definir cómo es que me siento. El año empezó y empezó bien cuando amanecí casada y con mi marido a lado… no cabía de felicidad. Es una sensación increíble la de no estar pensando en nada, ni preocupado por nada, ni esperando nada… porque lo que necesitas lo tienes ahí contigo, a lado…y todo el mundo se mueve y parece estar en armonía. Sin embargo… no hay felicidad completa, bien dicen por ahí… y es extraño como han transcurrido los días desde que te fuiste. A veces muy rápido y lleno de mil y un pendientes, a veces haciéndome sentir el peso de cada minuto… como si quisiera alargarse el tiempo. Hay días en que el tiempo que falta para que regrese a mi casa me parece eterno… otros, me parece que no alcanza para terminar los pendientes. Y me empeño en que todos salgan, uno a uno. Y me enfoco a correr de una oficina de gobierno a otra para que todos los sellos, firmas y nombres estén en su lugar para que la visa salga pronto. Y sé que no dependerá de mí a partir de mañana. Y no sé cómo hacer para que el tiempo pase más rápido después de entonces. Para dejar de sentir estas ansias que no logro calmar.Paciencia. Paciencia. Paciencia. Me siento tan escasa de ella. Paciencia. Paciencia. Paciencia. Ya falta menos y todo tiene una razón de ser.

Y la ironía es que tal vez después, en tiempo indefinido, tendré ganas de regresar de nuevo y ansias por la fecha de partida y de nuevo contaré los días… y es la ironía de la dualidad, de la que no podemos escaparnos: un día te inunda la magia y al día siguiente no tienes idea de porqué se fue tan rápido o cuanto falta para que te abrace de nuevo. Lo bueno es que sé que sigue aquí, no se ha ido, sólo se ha alejado un poco… tal vez para que la valore más o para que la viva con mayor intensidad después. Y sé también que me hace una falta inmensa… pero un día a la vez….

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