Dormir como bebé… no tiene precio!

Llego a mi casa después de un laaaaaaargo día en la oficina. Ya no quiero escuchar noticias en el radio por hoy, entre más escucho menos entiendo que tiene tan de cabeza al mundo que me rodea. El camino de regreso no estuvo exento de emociones: me tocó ver, mientras quedaba estacionada en el Circuito (literal) una persecusión de dos polis contra quien suponemos era un caco . Yo no ví que fue lo que pasó, sólo escuché que le dispararon tres veces y cuando me pasó a lado el poli que cortaba cartucho, la ingenua de Azu sintió que con cerrar la ventana las balas no me harían nada. Bueno, por ahora parece que funcionó, tal vez haya alguna especie de campo magnético que se genera cuando uno cierra su ventana… que ¿no?
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En fin, entro a mi bunker y me dispongo a chacotear un ratillo con la compu entre las cobijas antes de dormir. Prendo a mi pequeña y adorada PC, me instalo entre las apapachadoras y calientitas cobijas que me abrazan y naturalmente, saludo a varios amigos en el chat. De repente, perdí la conciencia, no sé en qué momento, se empezaron a confundir los sueños con la realidad. Pierdo la noción del tiempo y me desconecto totalmente, sin darme cuenta! cuando abro los ojos, levanto la cabeza y veo parpadeando una conversación en naranja: “Azu, sigues ahi? ya te dormiste verdad? Azu contesta!!! contesta!!! ya me voy a dormir, sé que estas ahí! no me dejes hablando solo!” y la otra ventanita “Porqué escapas en medio de la conversacion?? Regresaaaaaa!! hola? hola???!!”
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Y la verdad es que Azu se quedó dormida, sobre la laptop en la posición más incómoda que puede existir … tanto que lo que me despertó fue que me estaba matando el cuello. Primero me tardé unos minutos en entender que estaba pasando…luego apagué todo y me acosté a dormir decentemente. Al despertar, me boté de la risa… es el colmo que pueda quedarme dormida sobre la computadora– todavía! si… ya durante mi vida itamita me había pasado alguna vez, en la que el ensayo de RI 1 se grabó en mi frente pero con las letras del teclado que en ese entonces, fueron las que me despertaron por estar amenazando con quedarse tatuadas de manera permanente en mi frente.
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Definitivamente, duermo como bebé y me muero donde sea, como sea y en las condiciones que sean. Nop, no tengo un sólo problema para dormir cuando me alcanza el sueño… chale, ya de pensarlo me dio pena. Pero como me reí de la escena en la mañana!!
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Computadora portátil funcional: +/- $14,000; la pijama más calientita: +/- $400; la almohada más cómoda: +/- 200; quedarte dormida en cualquier lugar: No Tiene Precio!!!

La insoportable levedad de la incertidumbre

Vaya, tengo días esperando que me llamen del Consejo Británico. Esa llamada representaba una de las mejores alternativas de mi futuro académico, una solución a mis aprietos económicos y todo lo que estudiar un año en Londres cuesta. La aventura empezó cuando fui a entregar todos mis papeles en septiembre, luego en enero me llamaron a una entrevista de la que no salí plenamente convencida, en la que me dijeron que la decisión final se daría a conocer antes de Semana Santa. A esperar, entonces. Nada hay más insoportable que esperar. Cuando las cosas no dependen de la propia movilidad, del esfuerzo personal… me mata la impaciencia. Además, apesar de que agradezco profunda y sinceramente todas las muestras de apoyo constantes, tantas expresiones de confianza y todo el ánimo que la gente que me quiere manifiesta, confieso que se han ido convirtiendo poco a poco en una presión adicional. Tal vez no tiene ningún sentido, tal vez sea presión autogenerada innecesariamente, pero no puedo evitar sentir un compromiso moral con toda esa confianza vertida en mi persona, no quiero defraudarlos…
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Finalmente, el viernes un buen amigo me avisó que ya le habían llamado y que si, le daban la beca. Ahí mi mente empezó a dar vueltas y el hamster a buscar razones, posibilidades, excusas, pretextos, y todo tipo de respuestas que podrían venir del Consejo Británico. Pues bien, el día de ayer por fin me llamaron. Sentí que se me calentaron los cachetes en cuanto la voz del otro lado del teléfono dijo “estoy llamando el Consejo Británico.” ¿Que soy quéeeee, señorita? “Si, candidato suplente, por lo que la invitamos a continuar con su proceso de admisión a las universidades, ya que no tendremos una respuesta para usted sino hasta mayo.”
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De los misterios de la candidatura suplente, o de como perder el sueño por la incertidumbre, fue lo que siguió. Lo que me dijeron, en pocas palabras, es que me darán una beca sí y sólo sí alguien renuncia a su beca, o bien, si el gobierno británico decide otorgar más recursos para estos loables fines. Bien. ¿Nadie pensó lo que eso significa? Bueno, en mi petite esquema, signfica incertidumbre prolongada. Continuar en el limbo de la espera en el que no puedes hacer nada. Si, si, estoy planteando escenarios alternativos, revisando otras opciones de becas y esas cosas, pero de una u otra manera, no había entrado entre mis planes que me dijeran una especie de “si pero no, mejor espérese otro tantito para que le avisemos.”
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Me gusta tener las cosas bajo control, medir sus consecuencias, conocer sus alcances… disfruto sinceramente trabajar por algo y ver los resultados, o bien los errores y los retos que los problemas puedan presentar. Pero la espera, la incertidumbre, cuando ya no depende de tí, cuando ese detalle que te ronda constantemente en la cabeza no está en tus manos, cuando ya no puedes hacer más de lo que hiciste… es estúpido anguistiarse, yo misma he sido promotora de eso (claro, cuando no soy yo la angustiosa). Mi beca -al menos como la había planeado originalmente- acaba de pasar a la dimensión desconocida donde el resultado se convierte en un ente lejano, ante el cual, cualquier acción resulta irrelevante, insoportablemente banal. Y aún así, me siento bajo el yugo del no poder hacer nada, no poder tomar las riendas del asunto en mis manos.
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En fin, por ahora, no queda más que esperar lo más tranquilamente posible. Queda buscar otras opciones, otras becas, otros financiamientos y en general, otro tipo de estrategia que financíe el sueño y lo convierta en una realidad, en mi reto.

¿Coincidencias?

Nunca he sido creyente fiel de las estrellas y la verdad lo que digan me tiene sin cuidado, lo que ha de suceder, será y si no, pues aunque lo digan Saturno y todas sus lunas. Sin embargo, esta mañana en mi revisión de prensa habitual, a la hora de dar “click” en Edición Impresa de El Universal, me hablaron por teléfono y al contestar, moví la mano…y di click en Horóscopos. Leí el mío por que es el primero, y me quedé pensándolo ¿será?

Sabes hacer muchas cosas; aunque en ocasiones no quieras
aparentarlo y te dejes arrastrar por la apatía, no es prudente dejarte vencer
por el temor: la inmovilidad es su hija. Debes hacer lo que sabes. Sacúdete.

De nuevo al ruedo!

De mucho mejor ánimo, el día de hoy pinta interesante… Aún cuando no he dejado de pensar en la falta que le hace a mis días un cambio profundo que me llene de energía, la perspectiva es mucho más alentadora y mi optimismo habitual me obliga a encontrarle a mis ocupaciones una chispa, un encanto especial, una suerte de atracción fatal. JA! Pues bien, hoy me informaron que me toca reanudar las actividades en materia cabildera. Mañana tengo una reunión con una organización de personajes en esta área y suena interesante. No deja de parecerme importantísimo fomentar la existencia de reglas claras y concisas sobre el tema, que tanto puede afectar como beneficiar a la actividad política en el país. Entre tantos estirones y jaloneos que existen entre las diversas fuerzas políticas en movimiento, lo menos que podemos hacer los ciudadanos es buscar la forma de participar activa y constantemente para promover nuestros intereses. Si bien es cierto que por el momento, el cabildeo es una actividad patrocinada principalmente por los intereses del capital, también es cierto que aprender la técnica, la estrategia, la práctica, poco a poco me va armando con herramientas que en algún momento serán de enorme utilidad en otros rubros (léase, derechos humanos). En fin, la idea de entrarle mañana a la reunión de cabilderos profesionales me ha puesto del mejor humor. Me retiro a revisar el expediente que me dieron y a preparar lo que sea que me vaya a tocar…

Siento, luego existo…

Es una sensación que de pronto te deja sin ánimo de moverte. No, no es depresión, me digo al levantarme. No hay razones para que así fuera. Repaso mentalmente lo que tengo pendiente y no me emociona, me siento incapaz de hacerlo. Lo pienso de nuevo y me parece que exagero; no acabo de entender porqué mi mente se empeña en jugar conmigo tan temprano. ¡Qué obstinación! Me obligo a pensar en los montones de cosas que me hacen sonreir y consigo esbozar un intento de lo que debió ser un brinco de alegría. Finalmente sirve para levantarme, echar a andar el día y ponerme las pilas. Pero me sigo sintiendo chafa.
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Algo no me funciona bien, ¿me estaré descomponiendo? No, no estoy hormonalmente sensible. Tampoco he tenido problemas con nadie últimamente; todo ha estado excepcionalmente tranquilo, a decir verdad. Sin embargo, no puedo evitar sentir que algo me falta, que no estoy rindiendo de manera que me sienta satisfecha conmigo misma, que estoy actuando sin pasión.
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El sentimiento me sigue rondando mientras manejo hasta la oficina. Subo el volumen del radio para escuchar las noticias encima de mis pensamientos. Estoy especialmente sensible a todo, cualquier detalle lindo me pone el ojo remi, cualquier tontería me molesta, me siento de mal humor y no encuentro la razón… de repente siento que sería mejor regresarme a mi casa y esconderme entre las cobijas de mi cama que mágicamente me harían invisible al resto del mundo. No, no. Tranquila. Respiro lentamente y regreso a la realidad. Aunque me gustaría quedarme en la realidad alternativa, no es momento para dejarme arrastrar por un sentimiento que no alcanzo a entender. Sonrío sin ganas, hasta que la sonrisa se vuelve natural. Si, hay muchas cosas para sonreír en mi vida, y la verdad este espacio está compuesto por figuras con las que no quiero compartir lo que me está dando vueltas constantemente.
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Intento concentrarme en los pendientes laborales, pero de nuevo ahí está ese maldito gusanito gritándome silenciosamente que no lo estoy haciendo bien. Tengo días sintiendo que algo está mal y no logro adivinar que es lo que me pasa. Me molesta sinceramente esta sensación de desear que acabe el día lo más pronto posible… yo solía disfrutar mis horas, mi trabajo, mis proyectos!! Y lo único escaso sigue siendo el tiempo. Fernando Delgadillo en el random de la música de la computadora, me susurra lo que tal vez no quiero escuchar: “cómo tengo miedo de perder mis pasos y de extraviar en algún lado mis promesas y mis sueños…¿cuál será el mejor camino?”
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La única conclusión que tengo hasta ahora es que estoy chafa. La idea de transición me emociona, la perspectiva de vivir un año en Londres para hacer mi maestría generalmente me provoca ilusión y ánimo… pero también está llenando de incertidumbre mis días. Ya no quiero esta oficina y extraño la pasión de trabajar en lo que creo, aunque pague menos. Ya no quiero la rutina que me asfixia en días como hoy, en que me cuesta trabajo recordar lo que me mantiene aquí. Al menos confirmo que esto no es lo que quiero hacer toda mi vida. Y si, confirmo también que he aprendido mucho, a pesar de todo. Será que se aprende más cuando menos se espera. Pero me sigo sintiendo chafa. Un abrazo sincero al menos aliviaría el nudo que siento en la garganta por todos y por ningún motivo. Si, pero no aquí, me niego a que me vean vulnerable, débil y sin respuestas… por lo menos no en este espacio. Finalmente, todo pasa por alguna razón, seguro que mañana seré la misma de siempre, sólo que con una que otra idea nueva y renovadas energías.
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