Tenía muchas cosas en la cabeza que quería dejar fluir en la pantalla en blanco. Pero lo que escuché anoche en Bruselas, me dejó con la necesidad de compartirlo de alguna manera. Gallo y yo fuimos con unos amigos a un concierto que nuestros amigos definieron como “alternativo” y de ahí no los sacamos. Por más que intenté obtener información sobre el concierto que nos sacaba del mood dominguero que traíamos, no obtuvimos más respuesta que “es una banda que toca canciones bien bonitas… así raras… alternativas…” y eso fue toda la información qe conseguí antes de aparecer en el Atelier 210, en Bruselas. Llegamos un poco temprano y la banda apenas estaba afinando, así que regresaríamos después de unas cervecitas en el cafecito de confianza de la esquina (siempre hay uno cerca cuando lo necesitas, en estos lares). Pero llamó nuestra atención una mujer, como de unos 30 años, quizás un poco menos… cabello corto, alborotado y medio chino… con un vestido largo, negro que tenía algún tipo de ventilación lateral en la costilla izquierda. Tocaba el violín. Tenía puesta una capa de colores, como mantita de abuelita hecha de trozos de las cobijas que se van haciendo feas. Ella abriría el concierto de la Crappy Mini Band.
Lo dejamos pasar. Regresamos una hora después. Desde la puerta y antes de subir al salón donde era el concierto, empezamos a escuchar unos gritos que no invitaban a entrar al lugar. Gritos agudos, después más graves… luego una platicadita en algo que parecía inglés y que medio descifrabamos. Todo acompañado por el violín. La mujer del vestido negro pegaba unos alaridos extrañísimos junto con su violín que le hacía segunda. Estaba contando una historia a dos voces ¿o tres? que la hacía parecer que padecía de esquizofrenia o personalidades múltiples. Ya no traía la capa de colores. Ahora tenía una especie de chaleco que me hacía recordar a la muñeca fea de Cri-cri en su peor crisis de depresión por los rincones.
Total que empezó a tocar la Mini Crappy Band… muy estilo Bjork. En definitiva, extrañísima música. Sus instrumentos eran, como su nombre indicaba, pequeñitos. Todos muy monísimamente pequeños. Y todos muy bien tocados, en mi corto entender musical. Educación musical es lo que les sobra a estos cuates. Y los sonidos eran interesantes. Desde un pianitito, hasta las copas con agua que emitían distintos sonidos. Y que la muñeca fea en una de las esquinas… empieza a bailar! De manera nada discreta y sí bastante locochona… esa mujer traía un viaje tal, que no te veía aún si pasabas enfrente de ella. Ella seguía la música en su manera muy peculiar: se agarraba la cabeza, agitaba el cabello, movía las manos arriba de su cabeza y luego alrededor de su cintura… se doblaba casi hasta el suelo… movía los pies, las manos, la cabeza…no paraba. Luego pidió a la banda que la dejaran improvisar con ellos. Los alaridos regresaron. Ahora pensé en El Exorcista. Creepy… not crappy, but creepy.
Me quedé pensando en lo alternativo de esta música. En sus sonidos extraños, a veces lindos, a veces me enchinan la piel. No sé nada de música, es cierto. Pero sé lo que me gusta y lo que no y la verdad es que no puedo situarme fácilmente en niguna de las dos respuestas aún. Sé que la muñeca fea NO me gustó. Pero era imposible dejar de ver, cuestionar o acompañar su viajesote. No sé que se habría metido la mujer, pero sin duda no estaba en sus cinco sentidos. Música loquísima, y la gente igual. ¿Sería así que se hizo música nueva en el pasado? ¿los clásicos? ¿los incomprendidos vanguardistas? ¿Me falta una vena musial más viva? -Es posible, pero no lo sé… pero sí sé que la de ayer, fue una experiencia bastante alternativa.
P.D. Por si les interesa escuchar algo de la mini-crappy-band, da click AQUI. No Words Day es de las más normales… y esa la tocaron con copas-medio-llenas-medio-vacías… pero que tal el Green Monster!! jijiji que no te alcance!