Los clarísimos matices de este fin de semana fueron increíbles. En medio de la nada, se reune un mundo de gente de todas las edades y nacionalidades, a cantar, bailar, beber y disfrutar de la mejor selección de música en vivo. Cuatro días de música en un mundo alternativo, aislado del resto del país, en un festival que se dice el más grande de Europa.
Werchter reunió en dos escenarios a poco más de 60 grandes generadores de música que han marcado época, como Pearl Jam, Peter Gabriel, The Killers, Björk, Metallica y varios muchos más. Llegamos ahí el sábado por la mañana. La primera impresión fue que patearíamos luncheras, ya que la población del camión que nos llevó de la estación de Leuven al escondite secreto del festival, en general el promedio de edad no pasaba ni de broma los 20 años. Para nuestra buena suerte eso resultó sólo un espejismo. Los adolescentes en desmadre eran sólo uno de los muchos grupos de gente diversa diversísima que veríamos más tarde. Nos recibió un enorme terreno sumamente organizado, bordeado con cualquier cantidad de stands de comida, bebida y “mercancía oficial.” Cualquier variedad de estilos de corte de cabello combinados con los colores más brillantes fueron algunas de las cosas que te obligaban a voltear. No fuimos a la zona de camping, pero no dudo que haya sido igualmente impresionante.
Después de revisar el programa del día, decidimos quedaros sólo en el escenario principal, porque además de que ahí se presentaría la razón de nuestra visita al festival (léase, Peter Gabriel), era ahí también donde estarían las bandas que más se antojaba escuchar. Nuestro día sonoro comenzó con una banda holandesa cuyo nombre no puedo pronunciar: Heideroosjes. Le siguió Razorlight, con su muy bombón vocalista (no sé porqué nunca lo había visto antes). Luego vino una mujer desconocida para mí y en mi perspectiva, nada recomendable: Amy Winehouse. Luego llegó Snow Patrol, seguido por The Killers, ambos con buenerrimas presentaciones de poco más de una hora. Sobra decir que para este momento el lugar no sólo estaba a reventar (se calculan 20,000 almas por día de festival) sino que el alcohol había comenzado a fluir como agua por las venas de la concurrencia. Y sus efectos etílicos se hacían notar de las maneras más divertidas. Por mi parte sólo puedo decir que de repente me sorprendí a mí misma hablando francés y felicitando muy efusivamente a una pareja que se casa el próximo fin de semana. El climax se acercaba.
Gallo y yo caminamos hacia el escenario. Él decidió el lugar donde nos instalaríamos a escuchar a Peter Gabriel. A menos de 15 metros del escenario es impresionante lo que puedes ver, sentir y percibir. Se forman de alguna manera, pausas en el tiempo. Tal vez vínculos especiales. Se siente fluir la adrenalina y la emoción. Con la bandera de México entre las manos, disfrutamos cada una de las canciones que siguieron, las expresiones, las miradas… Mi highlight personal fue In your eyes, por obvias razones. Pero la neta el highlight general fue ver a mi niño tan emocionado, tan feliz, tan concentrado y disfrutando de una manera especial el concierto. Y poder compartirlo con él. Priceless. Biko fue la canción que cerró la presentación. La vibración de los acordes todavía se sentían en el ambiente…
Salimos de enfrente del escenario, que daba paso a Keane, para buscar algo de comer y sentarnos un ratito. La plática debrayó en lo que había sido mejor o excelente de lo que acababamos de escuchar. Y creo que después de casi 10 horas de conciertos seguidos, junto con los efectos etílicos acumulados, empezó a golpearme el cansancio. De cualquier forma seguimos platicando con unos amigos y disfrutando un excelentísimo fondo musical en vivo. Excepcional. A veces es necesario dejar fluir las emociones para que no te golpeen tan de madrazo cuando las tienes todas acumuladas.
Salimos del lugar pocos minutos después de que empezaran a tocar los Chemical Brothers. Queríamos evitar la marea que se vendría con el éxodo masivo de tanta gente disfrutando el concierto. Habían pasado 12 horas cuando llegamos de nuevo al camioncito que nos llevaría de regreso a Leuven. Mis pies habían estado gritando bastaaaaaaaaa… pero creo que el sonido de la música había ensordecido el grito. Y no fue sino hasta que nos fuimos alejando del lugar, caminando de regreso al mundo conocido, que escuché fuerte y claro el grito de dolor proveniente de botas apretadas. Detalles para el anecdotario.
Un día para recordar. Yo llevaba las marcas claras de haber sido una primeriza en el arte de los festivales masivos. Pero también la sonrisa inigualable de quien se sabe y se siente feliz. Un buen día, un excelente festival, una experiencia para recordar y sin duda, para repetir el próximo año. Ya me urge saber quienes vendrán…