Qué frágil es la vida.

Qué fácil saberlo.

Qué difícil entenderlo.

A veces, los conceptos no me hacen sentido.

Te extraño, papá.

Dualidad

Ya estoy de vuelta en casa.
Y él se fue.
Llegué a Amberes hace una semana con un día.
Y, aunque tranquila, me siento como que no lo creo.
El clima ha estado increíblemente soleado, la casa, increíblemente hermosa.
Y lo pienso más de lo que acepto
.
Todo en esta casa, pequeña y acogedora, me habla de lo que sueño y lo que quiero hacer.
Y sigo sin creerlo.
Tengo muchos pendientes: poner al corriente el trabajo, ordenar los rincones, aprender el idioma… integrarme.
Y la música, los lugares, hasta lo que me va pasando o lo que pienso, me recuerdan a él. A lo que hubiera dicho. A lo que hubiera opinado. A la manera en que hubiera cantado o sonreído.
Este lugar siempre me ha traído paz al alma y alegría al corazón.
Pero el hubiera no existe.
Y ahora lo siento distinto, es la primera vez de todas las veces que he estado aquí, en que no tengo un boleto de regreso a ningún lado.
Él ya no está.
Ahora es real, está sucediendo… mi casa, se convierte por fin en mi lugar permanente, mi refugio.
Y me sigue costando trabajo creerlo.
Tal vez sólo sea irónico que me sienta dividida entre la alegría de la nueva vida y la tristeza de los cambios recientes.
Y le debo las sonrisas del día a día. Le debo el esfuerzo y le debo las ganas. Le debo a él, que hoy mi vida pueda moverse sola. Porque él me enseñó.
Tal vez sólo tome tiempo dejarme fluir en un nuevo ambiente y en un nuevo ciclo.
Tal vez no sea la última vez que recordándole, me invada la nostalgia.
Estar aquí, finalmente comenzando lo que tanto he deseado, me hace sentir bien, me hace sentir mejor.
Sólo sé que lo recuerdo todos los días
.
Las ilusiones son muchas y ahora tienen nombre, apellido, forma, color y textura y me hacen muy feliz.
Sé que lo pienso constantemente.
Feliz, junto con la sonrisa que no puedo evitar de verlo a mi lado todas las mañana.
Y sé que aún, me duele el alma.

No puedo evitar vivir sentirme irónicamente dual

La batalla más difícil.

Nunca me había enfrentado a una batalla que de antemano está perdida. Nunca me había enfrentado a la muerte tan de cerca, ni de manera tan dolorosa. Y la verdad es que aunque estoy relativamente tranquila, estoy que reviento de miedo. La vida demanda vida  dijo ayer el doctor. Y en la vida, la muerte es normal, no porque sea algo bueno o malo, sino simplemente porque hay vida.

Y la vida, necesariamente implica muerte. Y si bien es cierto que nadie tenemos comprado ni un segundo de vida, duele profundamente más allá de lo explicable ver a alguien a quien amas, ceder terreno a esa certidumbre lentamente… tan lentamente que a veces crees ver esperanzas donde no las hay. Tan lentamente que uno no entiende como reaccionar o responder. Él necesita descansar. Y a mí, a mis hermanas y a mi mamá, nos duele profundamente poder sólo decirlo… sólo dejarlo ir.

Ya no sé si es egoísmo puro o miedo al cambio o a la transición. Hace poco, como si lo hubiera pedido, escuché casi por casualidad… que es un deber de los hijos acompañar a los padres y ayudarlos a descansar en paz en su última despedida. Una forma de retribuir toda la vida que nos regalaron, ayudándoles a cerrar su ciclo. Duele. Profundamente, de manera constante y a veces, el miedo crece con el dolor.

Ayer el doctor dijo algo hermoso. La muerte no es dejar de ser, es sólo dejar de estar. Pero no dejamos de ser… seremos siempre lo que fuimos, seremos en la memoria y en la historia que forjamos. Seremos siempre en las mentes y en los corazones que nos conocieron. Y aunque pase el tiempo y se borren los recuerdos, no por eso dejamos de ser lo que fuimos.

Es cierto, la batalla entre la vida y la muerte, no la voy a ganar. Mi papá no la va a ganar. Aún con todo lo que yo lo quiera, o con todo el amor que entre toda la familia le profesamos… o aún con el apoyo de toda la gente que nos ha acompañado. Es la batalla más difícil en la que me he visto involucrada. Pero la vida demanda vida. Y la vida debe seguir. Y de alguna manera, todo se irá resolviendo. Poco a poco. Tal vez más lentamente de lo que todos quisieramos. Pero todo estará bien. De alguna manera. Todo estará bien.

Gracias a todos los que de alguna manera, han manifestado su apoyo.

Like in a roller coaster…

Pues estoy de vuelta en México y no en las mejores circunstancias. Mi papá se encuentra hospitalizado. Y yo tengo muchos sentimientos encontrados. Me duele verlo así. Paciencia. Fé. Fuerza. Ánimo.

En casa…

Pues si, la vida da muchas vueltas. Y estoy en casa ya. Mi papá ha ido mejorando y ya está en casa, donde mi mamá y mis hermanas son las mejores enfermeras. Así que me animé a no cambiar de nuevo el boleto y viajar a la casa que me esperaba. Y aquí estoy. La paz de estar aquí calma mis nervios, exhaltados por todo lo que ha pasado en México. Después de poco más de dos meses de sorpresas y sobresaltos, parece que finalmente la “novatada” ha pasado y podré comenzar el nuevo ciclo con el pie derecho y con una relación fortalecida por todo lo sucedido. Y si… me siento muy bien…

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