Enciende una vela

No sé bien por donde empezar este escrito. Pero siento la urgente necesidad de hacerlo de alguna forma. Enciendo una vela frente a miles de presonas, frente a la bandera que ondea recordándome donde estoy y qué hago aquí. Una vela por los inocentes que no puede reclamar justicia por sí mismos, a un sistema que les falló olvidándolos, ignorándolos y dejándo de mirar…pero al parecer, la sociedad civil mexicana no está tan dormida como muchos podrían diagnosticar.

Decidí ir a la marcha del sábado por que creo firmemente en el derecho a protestar, en que la gente debemos recordar nuestras obligaciones en la sociedad. Recordar que no alzar la voz hubiera equivalido a legitimar el estado actual de las cosas. No, es cierto que que marchar no hará una diferencia inmediata en el estado de inseguridad en que vivimos. Pero hay que reconocer situaciones significativas en la marcha: ¿quién salió a marchar? ¿por qué razón estaban ahí? En mis clases de historia me enseñaron que las revoluciones sin duda las pelean las clases populares, que no tienen nada que perder y si mucho que ganar. Sin embargo, cuando la clase media sale de la comodidad de su hogar para protestar, es cuando el gobierno debe tener miedo. Es cuando vibra la inconformidad de la sociedad. Es ahí cuando hay una señal más importante, cuando el centro económico de un país sale a protestar es porque tiene mucho que perder y sabe que está en riesgo de perderlo.

Esta fue la marcha del hastío. Quizás incluso la marcha del miedo. Y daba miedo estar ahí: tantas historias de secuestros que quedaron impunes que uno no puede evitar sentir miedo. ¿Y si hubiera sido mi hermana, mi mamá o mi Gallito o yo? Esa posibilidad, al parecer, se presenta cada vez como más cercana para un número creciente de mexicanos que marcharon el sábado. Muchos participaron, pero en lo que sería una marcha del silencio, los niños encabezaban los gritos de protesta alrededor mío. No pude evitar que se me enchinara la piel. Es impresionante hasta donde hemos llegado y como el miedo se está colando por cada rendija del día a día. Lo que rara vez sucede, sucedió y miles de mexicanos tomamos las calles para caminar por ellas como rara vez nos atrevemos a hacerlo, irónicamente, por miedo. Y casi aseguro que al salir del área en que estabamos reunidos, muchos buscamos las aceras iluminadas, los taxis legales o las llaves antes de llegar a la entrada de casa, para evitar dar tiempo a cualquier eventualidad.

Hoy me he enterado de gente que depura sus perfiles en facebook o hi5, o incluso que los cierra. Recibo ppt sobre tips de seguridad para evitar ser presa fácil de la delincuencia en cualquiera de sus facetas. ¿Y de qué nos sirven las declaraciones de autoridades que llenan los medios? Promesas que sólo se llenarán de sentido cuando haya hechos que confirmen que se cumplen. Pero hoy no confiamos en ellas. Al menos yo no confío en ellas. Y hoy no sé hasta donde estamos dispuestos en general o estoy dispuesta en lo particular, a seguir así. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuando? No tengo una respuesta firme ni contundente. Sólo estuve ahí, en esa marcha, para hacer valer mi derecho a protestar por la ausencia de acciones firmes y reales por parte de aquellos a quienes les pagamos para hacerse cargo de nuestra seguridad. Es inevitable notar el descontento y hoy no hay autoridad que pueda minimizarlo o soslayarlo. Estamos frente a un momento histórico para México, un punto de quiebre que sin duda definirá la historia de nuestro país. Y la balanza es tan frágil que es difícil prever para donde se inclinará.

Y no sé…

Cómo hemos cambiado. Mirar hacia atrás y darnos cuenta de que las cosas no son sencillas. Y no sé, no sé lo que sigue. Saber que las decisiones nos han llevado al lugar en el que estamos. Que lo que hoy decida afectará lo que suceda también mañana. Si, suena muy básico. Pero a veces se llena de significados distintos y vibrantes, a veces más obscuros y a veces más brillantes. Y no sé… no sé como es que todo se mueve, a veces de manera vertiginosa, a veces más lento de lo que puedo o quiero soportar. Y si bien todo es cuestión de actitud, hay días en que uno no quiere tener actitud, sino estabilidad. Hay veces que quisiera saber donde voy a poner el siguiente paso en el camino. Y no sé… no sé como definir bien a bien lo que sigue.  Mucho ha cambiado y sin duda hay cosas que siguen tan igual. Midiendo el tiempo a través del movimiento o su ausencia. O la mía, a ratos. ¿A dónde va el espiral? ¿A dónde me dirijo? ¿Quiero ir hacia allá? A veces todo tiene tintes crípticos, hay demasiada información…o muy poca quizás. Y no sé… no sé si me dirijo con rumbo o si doy tumbos. Y toca construir el camino de nuevo. Y darle forma. Y definir los puntos que debe unir. Y sí.

Vamos a jugar…

A que no todo era tan serio, ni tan grave, ni tan importante…

A que no dejábamos de soñar tan fácil… a que creíamos más y desconfiábamos menos….

A que el precio no importaba, a sonreír sin importar la edad…

Vamos a jugar a vivir, zaz?

De regreso…

Quizás no haya pretexto válido para abandonar una bitácora personal. Quizás no haya pretextos más allá de la propia voluntad. Últimamente he enfocado las baterías, las prioridades y todo lo que consume el tiempo a estar (o intentar estar) a la altura de las demandas de estos meses. Quizás haya logrado algo de estabilidad, mucha más que la que traía en el tiempo. Sin embargo, todavía no puedo hablar de estabilidad completa. Quizás nunca se pueda hablar de estabilidad total. Quizás tampoco la deseo tanto. Quizás no es lo mío. Tal vez esta sensación de que siempre falta algo para equilibrar el barco, es parte de la emoción misma de vivir al límite, soñar al límite, de buscar…. tal vez.  En fin… de regreso a este espacio. Que vengan muchas cosas por pensar… por definir… por soñar quizás… 

2008

Es tiempo para un reinicio. Es tiempo para dejar de pensar en lo que hubo o no hubo en el 2007 y recordar todo lo aprendido, recontar todo lo ganado, reinventar todo lo olvidado… Es tiempo, tiempo de valorar lo que tengo, lo que vivo, lo que me hace feliz cada día. Es tiempo de pensar que el tiempo, quizás si, sea muy relativo. Tiempo de hacer balances y balanzas para empujar hacia adelante lo que sigue. Tiempo de levantar tan alto el ánimo, que le de miedo caerse. Tiempo de ser lo mejor que se puede ser en cada momento. Porque todos estos años festejando años nuevos, perderían sentido si no valiera la pena cada recuerdo vivido… Tiempo de enfrentar retos, de escoger oportunidades, de desafiar al destino y tomarlo entre las manos, moldearlo y sonreírle traviesa…

Feliz inicio de año…

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