D blog

November 9, 2007

Go for it!

Filed under: Nogales — Dalya @ 6:11 pm

No te diste cuenta,

Pero ese día te levantaste con ganas de ponerte bonita. Te peinaste y te pintaste.

Al Consulado llegó este muchachito, medio de malas, medio inseguro. Es el clásico muchachito que no tiene novia porque le da pena preguntar. Es el muchachito que te vió bien arregladita y no sabía qué hacer. Se ponía rojo si lo volteabas a ver, pero no te quitaba los ojos de encima.

Ese día decidiste sonreír y decir "aquí está tu pasaporte. Sólo fírmalo, y eso es todo. Que te vaya bien."

Ese muchachito se fue de buenas del Consulado, llegó a la línea y le dió los buenos días al tipitín de aduanas, ése que nadie saluda y que se aburre horrores. Lo que no sabía el muchachito es que ese buenos días era el primero en muchas semanas de trabajo. Por fin, alguien se dignaba a dirigirle la palabra al agente que, por momentos, se siente transparente. El agente se pregunta por qué será que no lo ven, que no le hablan. Pero el muchachito dijo "buenos días" y sonreía. Alguien lo vió! Está tan de buenas que le devuelve el favor a una señora que pasaba por ahí incauta y un poco distraída. Ya se dirigía al lado mexicano cuando recuerda que olvidó sus llaves. Tiene que regresar al lado americano. Y en su mal día el agente de aduanas le dijo "buenos días señorita". Santa madre! Era cierto lo que le decían sus hermanas… algún día un hombre notará que existes y te tratará como mereces. Ese agente era todo lo que a la doña le faltaba en casa. El agente recibió, a cambio, un guiño y observó cómo la ñora se iba casi trotando cual colegiala al otro lado de la línea, la que se hace para pasar al lado americano. En cuanto la doña se formó, recobró el aliento,  se sintió más jóven, más feliz, más alegre. Cuando fue su turno de presentar la visa, el migra la miró con esa cara de "ya he visto demasiados mexicanos el día de hoy y apenas son las 9 de la mañana". Pero la doña que´va a saber de los gestos faciales que se expresan en inglés, así que simplemente le guió el ojo al migra y le dijo "gud morin, guapo". El migra se sonrió. Le cayó de gracia, pues una doñita latina de no mal ver le dijo guapo. Casi ni se molestó por ver que el rostro de la láser correspondiera con la de la morenaza que ahora se le insinuaba. La dejó pasar y vino el siguiente. En ese breve segundo el migra se convenció de que ese trabajo era engorroso y tedioso, pero la recompensa es que todos podían reconocer su gran capacidad de ligue. Pensó en lo que pasaría si su ex esposa lo estuviera viendo, cómo estaría rabiando arrepentida por haberlo divorciado. Pensó en las caras de sus amigos, que estarían gritando como perros rabiosos de la envidia de saber que él podía tener una latina en cualquier momento. Y de pronto comprendió que, estar ahí recibiendo visas, podía ser menos terrible de lo que pensaba. Así que sonrió a todos los mexicanos que pasaban por ahí. Y con cada sonrisa, exportó esa extraña semilla de cambio en cada uno de los migrantes, quienes la llevaron consigo al resto del planeta. Uno voló desde Phoenix hasta Nueva York, y cuando tomó su primer taxi le dejó propina y le dió las gracias. Otro caminó unos cuantos metros para ir a comprar el super al Food City, y mientras checaba las fechas de caducidad le coqueteó a una empleada, la cual en ese momento decidió que dejaría al patán de su novio cobarde que la había golpeado tres días atrás. Y así, sin que te dieras cuenta, te levantaste un día con ganas de arreglarte, de ponerte bonita…

y cambiaste el mundo.

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