lo que no puedo decir
De pronto se me cierran los ojos y sólo escucho voces cantando todo lo que no te puedo decir.
Que detesto soñarte y tener pesadillas mientras amanezco agradeciendo que apareces, aunque sea por un instante, en mi memoria.
Que se levantan los días con ganas de hablar contigo y se acuestan con temor a hacerlo. Me arrepiento por no haberte dejado de hablar cuando no querías escucharme, por interpretar tus silencios como indiferencia, por haberte tocado de más.
Somos sólo palabras que no se pueden decir. Cuando me miras ya no sé si sólo hay angustia, deseo, o un poquito de cariño. Y pienso, a veces creo, que hay más cariño del que podemos sentir. Y se desborda, se levanta como nostalgia. Huele mal y abrimos las ventanas para que entre el aire fresco… al menos después de haber dormido juntos.
Se siente bien salir de tus brazos, un poco por haberlo estado al menos. Saber que no te veré en meses… o quizás años… sentir que me envuelve una distancia aislante, ascéptica, que evitará que contamines mis pulmones con flemas de llantos pasados.
Casi no me acuerdo de tí… y rara vez recuerdo lo feliz que fui ese diciembre. Casi olvido la luz que había en tus ojos cuando me miraste esa mañana, en la que nos descubrieron juntos. Ya no se escucha tu voz diciendo que te empieza a valer madre que lo sepan.
Y cuando recuerdo, eres una película muda, que va lenta, y no se acaba. Aunque ya no estés aquí, aunque ya no existas más… aunque sólo te recuerde por una colección de mañanas crudas, de cigarros viejos, de caballitos de IKEA…
aunque sólo aparezcas como una foto en el muro más secreto de mi corazón
a pesar de todo eso,
seguiré pensando todo eso que tú ya sabes, y que no puedo decir.