Mi vida surrealista
Suben siete payasos y prenden fuego a mis temores…
Se hacen una cadenita con mis miedos, los enredan a mis sueños y los sacan de las jaulas para que vuelen directo a mis ideas, donde se estrellan y se hacen añicos multicolores.
Se me irritan los ojos con el olor a pasado, se me escurren las lágrimas por adentro de la blusa, y tocan mis pechos. Se evaporan al calor de mis latidos, y quedo así…
Faltan horas para que amanezca y soy, sin saberlo, un faro en el horizonte de los olvidos. Esperar por su llegada y caminar hacia adentro de tierras oscuras.
Me duermo envuelta en hojas de deseos, y entonces dormida sueño que duermo…
Me mantengo en la orilla entre la sabiduría y la locura. El asceta se mantiene serio, pero yo sólo quiero que me hagan reír.
Mis payasos se dedican a lograr que yo me ría, y hacen mechas con mis odios. Se levantan de entre mis muertos, y revientan las ampollas de mi ayer… apagan con su líquido las antorchas de mis miedos.
Se levanta el sol a diario, y así
sólo sigo como cualquier otra persona, en busca de alguien más
alguien que disfrute mis payasos y mis fuegos,
que se aprenda el orden de mis muertos,
beba el jugo de mis llantos,
y caliente sus manos al calor de mis latidos.
Y claro,
siempre desayuno, para no enfermarme tan seguido.