28 de julio
Hace 3 años me encontraba haciendo talacha en casa. “El Flaco”, que era mi galán en ese entonces, estaba sudando la gota gorda junto a mi papá y, entre los dos, trataban de arreglar una fuga de agua. Yo los miraba sosteniendo una llave de tuercas y un desarmador. Entonces sonó el teléfono.
Contesté, y la voz -aunque conocida- me sonó extrañamente alterada. Mi tía quería hablar con mi papá. Le pasé el teléfono, y él se sentó para descansar de los esfuerzos de plomería amateur. “Sí bueno?” dijo, y en ese momento su rostro cambió. Cambió para siempre.
El Flaco y yo nos quedamos helados al ver cómo palidecían las mejillas agitadas de mi papá, y ante su silencio hicimos lo propio. Colgó, y con los ojos llenos de lágrimas y sorpresa, nos dijo: Carmen y Miguel están muertos.
La hermana mayor de mi padre y su esposo venían de Guadalajara. Se ponchó la llanta, el chofer perdió el control, y el desenlace fue fatal.
Hace un año me subí a un avión, y me despedí con lágrimas de una ciudad maravillosa, donde aprendí mucho y crecí. Me desprendí de una realidad para aferrarme a una promesa. Y, además, decidí que mi blog no sería sólo un lugar para contar mi viaje a Paris, sino para contar mi viaje a mí misma… tremenda aventura infinita, cuyo desenlace nadie podrá saber, porque el día que me muera no voy a poder contar el final a nadie.
Hoy además es el cumpleaños de Orly.
Hoy llovió, me acordé de todos y de todas. Fue un día especial.
Y hablando de saquitos… digamos que mi saquito de verano traía un cupón de oferta: viva un 28 y reviva todos los que quiera.
A Carmen y a Miguel les cerraron el saquito a la fuerza. (Como lo harán con todos y cada uno de nosotros, no?) Yo me quedé con ganas de echar ahí muchos abrazos y besos y agradecimientos y disculpas y perdones. Así que, en mi saquito, meteré un post-it:
“Hoy te toca decirle a los que quieres que los quieres“.