Mi abuela fue una optimista sin remedio, una mujer que jamás se entristecía… por lo menos hasta el último día en que la ví. Fue una mujer sin muchos ideales, jamás debatía ni tenía opiniones… lo único que hizo en su vida fue pasársela bien. Pero no crean que fue una mujer sin problemas… por el contrario, fue una personita que sufrió la muerte de su padre a manos de los revolucionarios, carencias económicas importantes, la muerte de dos de sus hijos, numerosas frustraciones y tristezas… Y cuando le preguntaba cómo le hacía para siempre estar de buenas, me contestaba que ella sólo bailaba con la marimba, y luego lo bailado nadie se lo quitaba.
Si supieran lo bueno que fue mi día de hoy no comprenderían por qué ahora me refiero tanto al optimismo. Es fácil ser optimista cuando todo marcha bien, pero uno no tiene control sobre nada de su vida… si quieres que dure la fortuna debes aprender a estirarla… hacerla rendir. Sólo un ama de casa madre de 7 hijos y con un ingreso mensual menor a los 100 dólares puede entender de lo que hablo. Sin embargo, sin ser ama de casa ni madre ni víctima de tremenda carencia, reconozco que mis sonrisas tienden a ser finitas.
Cuál es el secreto, pues?
Creo que debo poner en práctica la actitud de mamá yi (mi abuela), y estar siempre lista para que me quiten la música… pero nunca NUNCA… me quiten lo bailado.
Hoy fue el mejor día de mi vida. Si mañana todo desaparece, todo se acaba y todo deja de ser lo que hoy fue… SIEMPRE habrá sucedido el día de hoy… y el día que me muera tendré en mi memoria lo que hoy pasó. Así que al son que me toquen bailo… y lo bailado mijos…
(una probadita de cómo me voy a sentir pasado mañana…)