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May 31, 2005

Una primera certeza

Filed under: De mis blogs pasados — Dalya @ 10:07 am

No es que haya muerto el romance,
es sólo que hay escasez de cómplices.

Anoche escuchaba a María Rojo hablar de amores, en el programa de Denisse Dresser “Gritos y Susurros”. Sorprendida, me emocioné cuando la actriz decía que un cómplice es el que, cuando le dices que has matado a alguien, no te juzga ni te pregunta por qué, sólo dice “¿y dónde enterramos el cadáver?”.

En silencio, pensé “¿verdad que sí?”.

Y es que, como la misma María Rojo acepta, esa clase de amor no es necesariamente “sana”. De hecho, ella dice que su actual matrimonio es muy bueno, pero es del tipo “sano”, donde cada cual tiene su vida y comparten un momento, pero saben que al final “se van a morir solos”.

En silencio, pensé “así acabamos todos”.

Y me repito siempre que la sanidad es ventaja de sensatos,
pero me contesto que también es mediocridad de soñadores.

Sí -me replico yo misma- pero es escudo de débiles.

Y ahí termino siempre… en silencio recordando dolores pasados, descepciones, despedidas, y tantas aventuras de heroísmo malogrado.

Con mi pasado se pueden hacer muchas películas de suspenso, drama, comedias románticas, acción y heroísmo. Con mi presente, ni siquiera un noticiero.

Digamos sólo que me instalé en esa sanidad, me comprometí con la mediocridad y esa zona gris del anonimato. Digamos sólo que me refugié del dolor con una estricta E(x)= 0.
Y así, en una vida cuyos episodios se distribuyen como una normal, encontré en mi des-esperanza la solución a mis problemas.

Sin embargo, cuando pensé que una esperanza igual a cero era igual a una descepción igual a cero, me sorprendo llorando. ¿Qué me entristece, pues?
Creo que la nada es suficiente razón para sentirse incómodo.

Piénsalo…

El “ser o no ser” de Shakespeare es algo más que retórica… Se anima uno a desdibujar los límites de la persona, porque así no hay transgresiones, y las agresiones no se notan. Pero tampoco se nota la existencia, ni la individualidad.

Y así, en mitad de mi crisis, en mitad de mi angustia,
me detengo porque tengo una primera respuesta,
una sola certeza,

yo prefiero ser.

La pregunta ahora es: ¿seré capaz?

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