Fui por mis cosas
Fui por mis cosas. Encontré libros, cartas, notas… letras que hablan de recuerdos. Parecen lindos cadáveres, que no envejecen, ni se marchitan. Encontré sonrisas atrapadas entre páginas amarillas, y los fósiles de llantos que se ahogaron solos antes de su encuentro con el Remerón.
Encontré los libros de Heidegger, y mi diccionario de siete lenguas. Me los regaló Sebastián. Estaban junto a sus cartas, que hablaban de amor y planes a futuro. La ironía es encontrarlas truncas, sabiendo que se quedaron sin presente.
Lo curioso es que ninguno de mis libros o notas, papeles o cartas, estuvieron seguros de que me volverían a ver. Los dejé la tarde que mi madre decidió que un hospital era mejor lugar para mí. Los abandoné en medio de un llanto tan azul, que pasaba poca luz. Me imagino que ahí, en la oscuridad del librero, pensaron que su objetivo se extinguía, con mi lucidez.
Por fortuna se equivocaron. Hoy los ví de nuevo, y tengo mucho que contarles.
Mis queridos libros, seguro no saben que seguí con la escuela. Debo contarles de cómo fue volver a empezar, y jurarse terminar sin importar lo que suceda. Tampoco saben del final de Sebastián, de su viaje a Francia… y a otros brazos. No imaginan que cambié las hojas amarillas por unas de tamaño esquela, o que dejé el Remerón.
Pobrecitas cartas! cuando sepan que su autor ni las recuerda, se van a poner tristes. Cuando sepan que he leído cartas de otros, se van a poner celosas. Pero cuando les diga que ahora no tengo cartas de nadie, me van a consolar. Tal vez las pueda persuadir, y cambien el oficio de carta para convertirse en cuento.
Y los fósiles de llantos, se van a poner felices de ver estos ojos, limpios, frescos, sonrientes. Desde su pasado inanimado irán cambiando poco a poco y su tristeza, conmovida, se volverá más tierna y simpática. Qué bonitos se van a poner esos llantos cuando se vuelvan de nostalgia.
Y los sueños… bueno, ellos tal vez sólo decidan quedarse a platicar de aquellos días. Jubilados, querrán jugar al escondite, o a las cartas. Tal vez me ganen el destino en una mano de póker.
Finalmente, mi presente va a estar muy conmovido cuando conozca a su abuelo: ese señor ya viejo, que por un momento fue mi compañero, y me conoció tan profundamente como ahora lo hace él. Cuando mi pasado y mi presente platiquen de mí, seré yo quien lo disfrute.
Fuí por mis cosas… y me traje algo con ellas: la alegría de saber que después de un punto y aparte siempre hay una letra mayúscula… esprerando convertirse en frase… esperando convertirse en párrafo… esperando por la historia.