D blog

July 19, 2004

Sobre el poder de la intolerancia.

Filed under: De mis blogs pasados — Dalya @ 6:35 am

El tolerante reconoce, admite, respeta.
El tolerante asume la extencia de la otredad, la diferencia, y exige para sí lo que otorga al oponente.
El tolerante concentra su atención en la virtud diversa, a pesar de reconocer el vicio en ello.
El tolerante se sabe imperfecto a priori, y se acepta como tal a posteriori.
El tolerante encuentra, sin embargo, un límite definido a su generosidad valorativa. El único momento en que el tolerante deja de asumir virtud o reconocer un derecho es cuando recoonce al intolerante.
La intolerancia, pues, se reproduce en su perfecto contrario. Se convierte a sí mismo en marginado, rechazado y juzgado, pero en su acto reproduce su actitud. El intolerante disemina la intolerancia, y ni el tolerante resiste el embate.
La tolerancia consigue su excepción clásica en la intolerancia.
 
El tolerante no pretende convencer a nadie, ni busca la transformación del entorno. El intolerante sí lo desea, y lo consigue.
 
Es por ello, por el peligro que encarna ser intolerante, que el tolerante busca sobrevivir, y en el acto, se suicida. Por salvar a la especie renuncia a su postura individual. Es un juego en el que sólo la intolerancia puede ganar.
 
Por eso los injustos siempre ganan.

« Previous PageNext Page »